
Lanzar una idea puede dar miedo. Presentar una idea a tu jefe puede ser realmente aterrador (y más aún si lo has de hacer en público, Gluppps!!).
Pero esto no tiene que ser siempre así. Después de haber trabajado en más de 25 procesos de cambio en 18 sectores industriales diferentes durante los últimos 22 años, estos son mis mejores consejos para ayudarte a «vender tus ideas» y conseguir que te las acepten cuando más lo necesitas.
UNAS PEQUEÑAS RECOMENDACIONES BASADAS EN MI EXPERIENCIA
Empezaré con algo fundamental para mi:
«No puedes venderle algo en lo que no crees«
Sí, obvio dirán muchos. ¿Alguna vez has tratado de convencer a alguien de algo que ni tú siquiera te crees? Sí, apesta, canta, chirria… Todo lo que se nos ocurra. Y, lo más probable es que la persona a la que estás tratando de convencer note fácilmente tu inseguridad y tu falta de convicción
En general todos lo notan, pero nos parece que los jefes lo notan antes a no ser que seas un maestro a la hora de fingir y ocultar tus sentimientos. Para los que somos más transparentes; este artículo nos va a servir de mucho.
Para sentirse verdaderamente convencido de algo se requiere una alineación triple: De la cabeza, del corazón y de las entrañas. ¡Y eso no es un tema baladí! Para hablar con convicción de algo y en especial ante tus superiores, mi experiencia me ha dictado siempre que tienes que investigar, has de saber de lo que estás hablando y has de estar preparado para responder preguntas (cualquiera que se les ocurra).
Has de mostrarles que tu idea no es algo espontáneo. Muéstrales que has explorado muchas opciones y que has decidido que esta era la correcta. Tienes que estar dispuesto a explicar por qué estás personalmente motivado y apasionado por hacer es el trabajo. Recuerda que resulta mucho más difícil discutir con alguien que está dispuesto a esforzarse por conseguir algo.
Si bien a menudo nos resulta estresante presentarle algo a un jefe, y parece comprensible que muchos afronten esos momentos como si estuvieran en un juicio ante un tribunal
La verdad es que la mayoría de los líderes no quieren que les den sermones: Piensa que tan sólo quieren que brindes contexto, que los involucres en una conversación y que les pidas su opinión.
En los equipos con los que trabajo me gusta practicar lo que ha dado en llamarse como «liderazgo facilitador« que en realidad resulta un nombre bastante pomposo para algo que es bastante simple:
- busca un contexto y un momento adecuado para llevar a cabo esa conversación,
- busca información que pueda apoyar lo que has de comentar
- y sácala a relucir en el momento de la conversación que consideres más adecuado.
Y si tu conversación no va tan bien como esperabas, ¡muéstrate dispuesto a cambiar! Escucha las señales, observa el lenguaje corporal de tu jefe e incluso pregúntale si las ideas que estás compartiendo están dando en el blanco o no. Puede parecernos contrario a la intuición, pero el diálogo abierto y la exploración genuina conducen a grandes ideas (incluso con tu jefe).
Si bien es importante que el tema te apasione, nunca estés tan ligado a una idea que no estés dispuesto a integrar los pensamientos o comentarios de los demás. Puedes estar comprometido con tu misión y aún así prestar oídos para mejorar con las aportaciones de los demás. El estar abierto a recibir feed-back (retroalimentación) ofrece una imagen de fortaleza y confianza. Esta apertura genera confianza en ti para ejecutar tu plan.
Si has de «contarle una historia»; asegúrate de que sea personal y auténtica. Si no, si te descubren; como dicen: «te caerás con todo el equipo«.
Algunas de las mejores propuestas que he visto se basan en conclusiones clave. Si solo puedes hacer que tu jefe recuerde tres cosas, o incluso una, ¿con qué quieres que se quede? Comienza allí. Termina ahí. Remacha el concepto clave que desees que no olvide.
Recuerda que incluso los comunicadores más sensatos también se dejan llevar por las emociones. Conéctate con ellos y preséntales tus ideas en el contexto de los problemas que sabe que están viviendo. No es solo una «venta»; es una solución que han de «comprarte».
Finalmente, cuando compartas su “historia”, recuerda mantenerla estricta. Guíales por el camino y llévalo a su fin. Los jefes quieren titulares, así que has de ir al grano. Y si luego desean que entres al detalle: Te lo harán saber.
UN PEQUEÑO Y SENCILLO ESQUEMA
Esto es real como la vida misma: La mayoría de los jefes pasan sus días corriendo como locos tratando de lograr todo; a menudo no tienen toda la información de contexto antes de entrar a una reunión. Así que no tengas miedo de seguir este sencillo esquema en la presentación de tus ideas:
- Primero: reconoce la necesidad de definir conceptos básicos para garantizar que tu jefe esté en sintonía con lo que va a comentar. Asegúrate de anticiparte y dale respuestas a las 3 preguntas que tu jefe (seguro) va a tener en mente:
• ¿Por qué estamos aquí?
• ¿Qué esperamos lograr?
• ¿Qué papel debo desempeñar?
- Segundo: Explica que los datos deben impulsar las decisiones y deja tiempo para que pueda hacerte las preguntas que le vengan a la cabeza cuando presentes tus datos.
- Tercero: Mantén tu mensaje simple y cierra con una clara llamada a la acción: Que los fuegos de artificio de las animaciones, colores y gráficos de diseño no distraigan la atención de lo que quieres conseguir con tu mensaje. No es el momento para ganar el premio al mejor diseñador ni al mejor actor: sino de conseguir lo que te hayas propuesto.
Espero que estas recomendaciones y este mini-esquema te sirvan de ayuda en tu próxima conversación con tu jefe.
Y por si te quedaran dudas, siempre puedes preguntarme. Será un placer comentarlo contigo de forma personalizada.