
Hablar en público no tiene que ser un proceso doloroso. Para presentarnos ante una gran multitud, debemos estar relajados y nada mejor que una sonrisa para sentirnos más a gusto.
Esta es una acción que podemos practicar frente al espejo de manera frecuente cuando estemos ensayando alguna presentación en público.
La sonrisa tiene que ser suave y relajada, para que sea lo más natural a pesar de ser un recurso pensado.
Para muchos estudiosos, una sonrisa puede mejorar el estado de ánimo, así como reducir el estrés. Cabe destacar, que sonreír no solo tendrá efecto en quienes nos escuchan y ven, sino en nosotros mismos.
Aunque la práctica de sonreír no es mala, siempre se debe elegir el momento del discurso para que no luzca forzada.
Esta, es una práctica más que recomiendo como formador. Si crees que te puedo ser de ayuda, podemos comentarlo de forma personalizada.